San Fernando: donde reposan las élites y se resguarda la historia

Ciudad, Cultura, Sociedad

El Museo Panteón de San Fernando preserva la memoria política de México en el siglo XIX. Figuras políticas, militares y símbolos en distintos ámbitos conviven en un espacio que explica cómo la muerte también construyó poder e identidad nacional.

Entre tumbas antiguas y personajes clave de la historia de México, el Museo Panteón de San Fernando guarda relatos que ayudan a entender cómo se formó nuestro país. En este lugar descansan figuras importantes que protagonizaron los conflictos políticos del siglo XIX, todos reunidos en un mismo espacio en la colonia Guerrero en el centro de la Ciudad de México. Este texto periodístico invita a conocer el recinto desde una mirada profunda y cercana, analizándolo como un sitio que conserva la memoria histórica de nuestro país, el cual merece ser más reconocido.

Historia del Panteón 

El Museo Panteón de San Fernando, ubicado entre las calles San Fernando y Héroes, en la colonia Guerrero de la alcaldía Cuauhtémoc, es uno de los espacios mortuorios más significativos de su época. Inaugurado en 1832, fue el principal cementerio para la élite política del país. 

Entre los personajes más destacados que se encuentran enterrados en San Fernando está Vicente Guerrero. Su presencia en el panteón subraya el vínculo entre la lucha independentista y los esfuerzos posteriores por construir una nación soberana, además de darle nombre a la colonia en la que se encuentran los restos de lo que fue el Colegio Apostólico de San Fernando. .

Otro personaje fundamental sepultado en este recinto fue Benito Juárez, una de las figuras más influyentes de la historia de México. Sus restos, junto con los de su familia, permanecieron en este panteón tras su muerte en 1872, convirtiéndo el lugar en un punto de referencia simbólico para la memoria de nuestra nación y del museo mismo; pues incluso su sepelio marcó el fin del funcionamiento de este espacio.

Fue hasta el año 2006 cuando, gracias al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, emitió un decreto mediante el cual se convirtió oficialmente en museo, junto con otros dos recintos.

La arquitectura y los simbolismos.

En la actualidad, el Museo Panteón de San Fernando cumple una función esencial como espacio cultural y educativo, ofreciendo visitas guiadas y actividades que invitan a reflexionar sobre la historia política del país, la muerte y la construcción de la memoria colectiva. 

Desde el punto de vista arquitectónico, el panteón presenta un estilo neoclásico característico del siglo XIX, visible en la simetría de sus corredores y la organización ordenada de los espacios funerarios. Muchas de las tumbas y mausoleos están elaboradas con mármol blanco de Carrara (Italia), del cual se importaba este material costoso y funcionaba como un símbolo de prestigio social, poder económico y estatus político. 

En varios monumentos funerarios pueden identificarse influencias de estilos antiguos. Entre ellos referencias babilónicas y clásicas, visibles en columnas, relieves geométricos y formas monumentales que evocan ideas de eternidad, trascendencia y orden cósmico.

Como consecuencia de ser un espacio mortuorio relevante, las áreas circundantes de las calles que rodean el actual museo también fueron utilizadas como fosas comunes, lo que da cuenta de la magnitud e importancia que alcanzó este cementerio en el siglo XIX.

Otro de los aspectos más relevantes del panteón es la presencia de simbología masónica en diversas lápidas y mausoleos. Entre los símbolos más recurrentes se encuentran el compás y la escuadra; columnas grecorromanas, estrellas de cinco puntas, así como referencias a la luz y al progreso.

El Museo Panteón de San Fernando combina en su estructura dos estilos muy diferentes de arquitectura: por una parte el estilo barroco con el que se construyo el Antiguo Colegio de San Fernando, y por otra el estilo neoclásico perteneciente al panteón en sí.
Dentro del estilo neoclásico de las tumbas, la influencia de la estética griega y los simbolismos masones son los más notables. La tumba de Benito Juárez es prueba de ello, debido a su parecido con el Panteón de los dioses griegos.
Existe una señalización en la bitacora de los nichos: hay algunos que se identifican con el nombre del titular; otros señalados con un margen delgado, que indican que se encuentra un cuerpo sin identificar y otras que están vacías; aunque dicha bitácora no es certera.
El aspecto más artístico de su tumba es la estatua que se encuentra sobre su sepulcro, donde una figura hecha totalmente de mármol italiano representa al Benemérito de las Américas muerto junto a su esposa Margarita Maza con el rostro de la máscara mortuoria de Juárez.
En distintas tumbas se logran ver grabados con relojes de arena con alas, símbolo que los masones usaban para representar el fin del ciclo de la vida por su parecido con la letra del alfabeto theta, inicial de la palabra thanatos o muerte en griego.
Muchas de las piezas que adornan las tumbas eran fabricadas por los hermanos Tangassi, quienes utilizaban marmól de Carrara, el cual era muy costoso en aquella época y sólo era usado en los sepulcros de personajes de élite política y social de ese entonces.
Al ser el único panteón en la ciudad que mantiene el estilo de nicho en gaveta, con el paso del tiempo se logran ver espacios que han explotado o implosionado gracias a la acumulación de gases en su interior.
Tan caro era realizar una tumba en este panteón, que muchas veces los dolientes no alcanzaban a costear los $5000 pesos en promedio que costaba la construcción, cuando la jornada se pagaba a un centavo a la semana.

El museo en nuestros días

Una de las principales problemáticas de este recinto es la falta de asistencia. Esta situación fue planteada durante el recorrido del lugar. Según diversos testimonios, las personas no suelen asistir a este museo debido a que, al tratarse de un panteón, sigue siendo un tema tabú dentro de la sociedad, por lo que todavía no se visibiliza como un museo, sino más bien como un espacio mortuorio.

Además, el hecho de encontrarse cerca de otros museos que pueden resultar más atractivos para un mayor número de visitantes contribuye a la disminución de su afluencia. Gabriel Torres Vargas, historiador y guía del museo, manifestó en el recorrido que la ubicación del mismo no ayuda a que tenga más visitantes.

Las fechas correspondientes a las festividades de noviembre suelen ser las más concurridas, de acuerdo con lo señalado por Torres Vargas, ya que muchas personas, sobre todo de origen extranjero, suelen visitarlo para seguir con la tradición del Día de Muertos. Al estar ubicado en un panteón —un espacio que para los foráneos suele asociarse con leyendas y relatos— las visitas aumentan considerablemente durante este periodo, provocando que se diluya la verdadera importancia del lugar, y llevando su significado solo a lo paranormal o al morbo referente a la muerte. “Hay que entender que esto es un testimonio vivo y en pie de cómo se vivía la muerte hace más de 180 años, también es parte de cómo nos construye como sociedad y como cultura en sí”, señaló.

Como parte de las estrategias de difusión que lleva a cabo el Panteón de San Fernando para darse a conocer, hoy se realizan diversas alianzas con otros museos de la zona, como es la Academia de San Carlos; aunque en palabras de los encargados de las visitas, esto no ha sido de gran ayuda para que el lugar pueda gozar de más afluencia.

Otra de las problemáticas a resaltar es la presencia de gatos ferales dentro del museo. Como nos comentó el guía, a pesar de que la administración del mismo no está en contra de que habiten en las instalaciones, sí es un problema con el que lidian, además de un gasto acumulado que resulta riesgioso asumir. “Muchas personas, mayoritariamente vecinos de la colonia, han venido a dejar a los gatos. El museo se ha hecho cargo de ellos, porque incluso ayudan a combatir plagas, además de la creencia que existe en torno a que los felinos ayudan a limpiar las llamadas ‘malas energías’. Pero en realidad, esto puede significar a la larga una carga porque tenemos que mantenerlos, cuidarlos y llevarlos al veterinario si se lastiman o incluso evitar que hieran a un visitante”, sentenció.

A pesar de los desafíos que enfrenta en la actualidad, el museo conserva un alto valor histórico y educativo. Su permanencia como museo ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el pasado desde una perspectiva más amplia, entendiendo al proceso de exhumación como parte de la construcción de una identidad nacional, dando a conocer el significado que gira en torno a ella.